Cuando se habla de puntajes altos en el SIMCE, la mayoría piensa en colegios particulares de sectores acomodados. Por eso me gusta contar esta historia: la del Colegio Alerce de Concepción, un establecimiento de grupo socioeconómico medio-bajo que alcanzó un promedio de 333 puntos en el SIMCE de Matemática de 2° medio y se ubicó primero entre 76 establecimientos de grupos socioeconómicos bajo y medio-bajo de la provincia de Concepción.

No fue suerte, y tampoco fue magia de un asesor externo. Fue el trabajo sostenido de un equipo de docentes y directivos que decidió tomarse en serio los datos y la sala de clases al mismo tiempo. Mi rol fue acompañar ese proceso. Aquí cuento cómo lo hicimos.

El punto de partida: mirar los datos sin anestesia

Lo primero que hicimos no fue comprar ensayos ni agendar capacitaciones. Fue sentarnos con las bases de resultados del colegio —SIMCE histórico, evaluaciones internas, cobertura curricular— y responder una pregunta incómoda: ¿dónde exactamente estamos fallando?

El promedio de un colegio esconde más de lo que muestra. Al desagregar los resultados por eje temático y por nivel de aprendizaje, aparecieron brechas muy concretas: contenidos que se enseñaban pero no se aprendían, ejes completos que llegaban débiles desde cursos anteriores, y estudiantes agrupados en el nivel insuficiente que nadie estaba mirando con nombre y apellido.

Un diagnóstico útil no dice "hay que mejorar en matemática". Dice qué eje, en qué curso, con qué estudiantes y por qué. Todo lo que vino después se construyó sobre esa base.

El trabajo de verdad ocurre en la sala de clases

Llevo 16 años haciendo clases de matemática en básica y media, y más de 10 asesorando colegios. Si algo he aprendido es que ninguna asesoría funciona por PowerPoint. Los docentes no necesitan que les digan qué hacer desde un escritorio: necesitan ver cómo se hace, con sus propios estudiantes.

Por eso el plan con el Colegio Alerce combinó tres cosas que para mí son inseparables:

  • Clases demostrativas y modelaje. Yo entraba al aula y hacía la clase con metodología activa, con los estudiantes reales del colegio. Después la analizábamos juntos con el docente: qué funcionó, qué ajustar, cómo replicarla.
  • Acompañamiento en aula. El proceso inverso: el docente hace su clase, yo observo y retroalimentamos en conjunto. Sin fiscalizar; el objetivo es que el profesor gane herramientas, no que rinda examen.
  • Material alineado a estándares. Guías, evaluaciones y ensayos construidos a partir de las brechas del diagnóstico, no material genérico descargado de internet. Cada instrumento respondía a una pregunta: ¿qué necesita practicar este curso, en este eje, ahora?

Medir durante el camino, no al final

El error más común que veo en los colegios es trabajar todo el año "a ciegas" y enterarse del resultado cuando llega el SIMCE. Con el equipo del Alerce establecimos un ciclo de monitoreo: ensayos y evaluaciones internas cuyos resultados se analizaban por eje y por estudiante, con reportes que el equipo directivo y los docentes podían leer y usar. Si un contenido no estaba resultando, lo sabíamos en semanas, no en noviembre.

Ese ciclo —enseñar, medir, ajustar— es menos glamoroso que cualquier innovación de moda, pero es lo que mueve puntajes de manera sostenible. Y tiene un efecto secundario que me importa aún más: los estudiantes dejan de ser un promedio y vuelven a ser personas con nombres, avances y dificultades específicas.

Los resultados

  • 333 puntos promedio en SIMCE de Matemática de 2° medio.
  • 1° lugar entre 76 establecimientos de GSE bajo y medio-bajo de la provincia de Concepción.
  • Reconocimiento de Excelencia Académica (SNED).
  • Mejoras en los Indicadores de Desarrollo Personal y Social (IDPS), que pesan directamente en la Categoría de Desempeño.

Quiero ser justo: estos logros son del Colegio Alerce, de sus profesores y de su equipo directivo. Una ATE seria no "produce" resultados; ayuda a que el colegio construya la capacidad de producirlos, y esa capacidad queda instalada cuando el asesor se va.

¿Es replicable?

Sí, y esa es la parte que más me interesa transmitir. No hay nada en esta historia que dependa de recursos extraordinarios: hay datos bien leídos, docentes acompañados en serio y constancia en el monitoreo. El grupo socioeconómico de un colegio no es su destino. Lo he visto en Concepción, en Hualpén y en cada establecimiento donde el equipo decide trabajar con método.

Si diriges un colegio y sientes que los resultados de matemática no reflejan el esfuerzo de tu equipo, mi sugerencia es partir por donde partimos nosotros: un diagnóstico honesto con los datos que ya tienes. A veces esa sola conversación cambia el rumbo del año.

Esteban Schorwer

Luis Esteban Schorwer Muñoz

Profesor de Matemática con 16 años de aula en Educación Básica y Media, asesor educacional (ATE) hace más de 10 años y profesor universitario. Autor del libro "Implementación de un nuevo método numérico: Homotopía de la perturbación". Fundador de Rendimiento 360.