"Metodología activa" es de esos términos que de tanto usarse dejaron de significar algo. La he visto invocada para justificar cualquier cosa: desde clases excelentes hasta salas convertidas en caos con la esperanza de que el aprendizaje aparezca solo. Y he visto a muchos profesores de matemática —con razón— mirarla con desconfianza: "yo no tengo tiempo para juegos, tengo que pasar el currículum".

Después de 16 años haciendo clases y de años modelando esta forma de trabajo en colegios que asesoro, quiero contar qué es para mí la metodología activa, qué no es, y cómo se ve una clase concreta. Sin humo.

Qué NO es

  • No es hacer juegos. Puede haber juego, pero el juego sin intención matemática es recreo con material concreto.
  • No es abandonar la ejercitación. La práctica sigue siendo indispensable; lo que cambia es cuándo llega y sobre qué comprensión se construye.
  • No es que el profesor deje de enseñar. Al contrario: una clase activa exige más del profesor, no menos. Diseñar la actividad correcta y gestionar la discusión es más difícil que dictar.
  • No es incompatible con el SIMCE. Este es el prejuicio que más me interesa derribar, y vuelvo a él al final.

Qué es

La idea central cabe en una frase: en la clase, el que piensa es el estudiante. En una clase tradicional, el profesor resuelve el problema en la pizarra y el estudiante mira; la matemática le pasa por delante. En una clase activa, el estudiante se enfrenta al problema antes de conocer el procedimiento, conjetura, se equivoca, discute y llega —con la conducción del profesor— a la formalización. El contenido es el mismo; el que hace el trabajo cognitivo cambia de silla.

Nadie aprende a andar en bicicleta viendo pedalear al instructor. En matemática pasa lo mismo, solo que llevamos décadas enseñándola desde el asiento del instructor.

Una clase concreta, paso a paso

Para bajarlo a tierra, así se ve una clase de proporciones que hago en 7° básico como clase demostrativa cuando trabajo con docentes:

  1. Apertura (5 min). Un problema real, no un enunciado de libro: "esta receta de queque es para 4 personas; necesitamos hacerlo para las 30 personas del curso. ¿Cuánto necesitamos de cada ingrediente?". Nada de definir 'proporción' todavía.
  2. Exploración en grupos (15 min). Los grupos atacan el problema como puedan: algunos multiplican, otros suman repetido, alguno inventa una tabla. Mi trabajo en esos minutos no es corregir: es recorrer, escuchar y elegir qué estrategias se van a mostrar después y en qué orden.
  3. Puesta en común (15 min). Grupos seleccionados explican su camino. Aquí está el corazón de la clase: comparar estrategias, encontrar el error de la que falló —los errores se discuten, no se esconden— y notar que las que funcionan comparten una estructura.
  4. Formalización (10 min). Recién ahora nombro lo que ya construyeron: eso que descubrieron se llama proporcionalidad, así se escribe, así se generaliza. La definición cae sobre una comprensión que ya existe, en vez de precederla en el vacío.
  5. Práctica y cierre (15 min). Ejercitación individual —sí, ejercitación— con problemas graduados, y un ticket de salida de dos preguntas que me dice quién entendió y quién necesita otra pasada mañana.

Noventa minutos, curriculum cubierto, y ni un minuto de "juego". La diferencia con la clase tradicional no está en el contenido: está en quién hizo el trabajo de pensar durante la hora.

Por qué esto mejora también el SIMCE

El SIMCE de matemática no mide recitar procedimientos: mide resolver problemas, representar, argumentar y modelar. Son exactamente las habilidades que una clase activa ejercita todos los días y que una clase puramente expositiva casi no toca. Cuando un estudiante ha pasado el año enfrentando problemas nuevos sin receta previa, encontrarse con un problema nuevo en una prueba estandarizada no lo paraliza: es lo que sabe hacer.

No es casualidad que los colegios donde hemos instalado esta forma de trabajo muestren mejoras sostenidas en sus resultados. La preparación para la prueba y la buena enseñanza no son caminos distintos; la segunda contiene a la primera.

Cómo empezar sin refundar tu práctica

  • Una clase a la semana. No conviertas todas tus clases el primer mes. Elige un contenido que se preste y diseña bien una sola clase activa semanal.
  • El problema es el 80% del diseño. Busca problemas con entrada fácil y techo alto: que todos puedan empezar y que a los rápidos les quede cuerda.
  • Anticipa los errores. Antes de la clase, escribe los 3 errores más probables. La puesta en común se gestiona sola cuando ya sabes qué va a aparecer.
  • Busca que te modelen la primera. Ver la metodología funcionando con tus propios estudiantes vale más que cualquier taller teórico. Es exactamente lo que hago en las clases demostrativas de nuestras asesorías: yo hago la primera, la analizamos juntos, y las siguientes son tuyas.
Esteban Schorwer

Luis Esteban Schorwer Muñoz

Profesor de Matemática con 16 años de aula en Educación Básica y Media, asesor educacional (ATE) hace más de 10 años y profesor universitario. Autor del libro "Implementación de un nuevo método numérico: Homotopía de la perturbación". Fundador de Rendimiento 360.